DANA, Rocío Belén - Clase 12
Resonancia. Esa palabra, tan cargada de matices, me hace pensar en cómo nos conectamos con los espacios, con las ideas, con los otros y, sobre todo, con nosotros mismos. A veces, la vida parece sumergirnos en un ruido constante , y la resonancia se pierde, se disuelve en la vorágine de los días y las expectativas. Lo que inicialmente nos emociona, lo que nos hace vibrar, se desvanece lentamente bajo el peso de la rutina, de las obligaciones, de las voces ajenas que nos dictan lo que debemos. En la facultad, por ejemplo, encuentro que todo se vuelve más mecánico, como si estuviéramos en una carrera que no elegimos, pero en la que no podemos detenernos. La resonancia de un momento, de una clase, se vuelve secundaria frente a la necesidad de cumplir, de producir. Es curioso cómo ese espacio puede llegar a ser tan absorbente, tan abrumador, que a veces no sé si lo que hago realmente me pertenece o si es simplemente un reflejo de lo que se espera de mí. La presión por encajar, por hace...