GARCÍA, Agostina / Clase 12
Alejar los pensamientos es algo difícil de hacer, especialmente cuando el pensamiento activo es precisamente "dejar de pensar". La intención misma de detener la mente se convierte en una paradoja, en un círculo vicioso del que es complicado salir. Es como intentar que el agua deje de fluir pidiéndole que se aquiete. En esos momentos, la mente parece más ocupada que nunca, atrapada en la insistencia de querer silenciarse.
Habitar el interior también está influido por lo que nos rodea, por el contexto que condiciona cada experiencia de introspección. Cerrar los ojos en un lugar donde todos los presentes están haciendo lo mismo, compartiendo el silencio y la pausa, genera una sensación de comunidad, de pertenencia. Es como si, por unos momentos, todos fuéramos uno solo, sincronizados en la misma frecuencia. Pero hacer ese ejercicio en el medio de la facultad, un espacio que vibra con la energía de mil cosas sucediendo al mismo tiempo, es otra historia. Aromas, sonidos y ruidos se mezclan y construyen un paisaje sensorial que se impone, y uno se convierte en parte de ese entorno. Es un momento en el que, paradójicamente, se vuelve más fácil "no pensar en nada", porque uno se funde con el ambiente.
Al entrelazar mis manos con los ojos cerrados no pensé mucho en que manera mi cuerpo caía/reposaba/transitaba la música. Me quedé quieta sintiendo como cada parte, en su quietud casi total, vivía y es movía acorde a la respiración ¿Los otros pueden ver como entra el oxígeno en mi? probablemente lo asumen pero creo que la quietud que logré los podría confundir. pero creo que lo más quieto que se quedó fueron mis manos, aún entrelazadas. Al fin un descanso para estas manos
Escrito en actividad en clase
Hacer silencio en un lugar habitado e inherentemente ruidoso, vivo, te hace sentir distante por lo particular de la actividad en contexto. Mientras las voces alrededor comienzan a entrar en mi cabeza podía sentir como yo “me iba”, me mimetizaba con el ambiente y solo era una testigo más de un dia en la facultad, donde las voces de la entrada, el patio central y las aulas se combinan en un sonido solo y se convierten en el soundtrack de la fadu, donde lo que parece una conversación particular al lado mío sobre entregas en verdad es una parte de este ensamble coral, así como también lo es mi silencio, porque todos terminamos habitando el espacio de la manera que sea
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