DANA, Rocío Belén - Clase 11

La pregunta

 "¿Cómo hago para que mi trabajo cumpla con lo que espero yo, y también lo que esperan los demás?", Es una pregunta que resuena profundamente en mi interior. Es una cuestión cargada de tensiones, de contradicciones entre lo que soy y lo que los demás esperan que sea. En la práctica, siento que mi trabajo se convierte en un espacio donde confluyen muchas voces: la mía, la de mis compañeros, la de los clientes, y la de aquellos que me guían, me observan, o incluso me exigen. Cada uno de estos actores aporta una perspectiva que, aunque distinta, se hace igualmente esencial para que el trabajo cobre sentido y se complemente. Sin embargo, entre todas esas voces, surge la mía, que se ve interpelada constantemente por la necesidad de complacer, de ajustarme a las expectativas ajenas sin perder la esencia de lo que realmente quiero transmitir.

A veces siento que mi trabajo es un reflejo de un juego social, donde no solo están en juego mis propias expectativas, sino las de los demás. Mi desafío no es solo cumplir con lo que espero de mí misma, sino encontrar ese equilibrio delicado entre la voz interna que me guía, esa que me impulsa a crear con autenticidad y convicción, y las voces externas que, en ocasiones, parecen querer desviar. mi camino. En medio de este conflicto, hay momentos en los que me pregunto: ¿Hasta qué punto debo ceder? ¿Hasta qué punto debo mantenerme firme en mi visión? La respuesta no siempre es clara, y muchas veces si.

La comunicación, entonces, se convierte en el pilar fundamental de este proceso. Sin ella, mi trabajo se convierte en una abstracción, en un esfuerzo aislado que no llega a conectarse con las personas para las que se creó. A través de la comunicación, no solo expreso mis ideas, sino que también me abre a la posibilidad de que mis expectativas no sean las únicas, y aprendo a escuchar las de los demás. Es un proceso de constante ajuste y reajuste, de aprendizaje mutuo, donde la retroalimentación no es solo una crítica, sino una herramienta para pulir y mejorar, siempre sin perder de vista lo que quiero expresar. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿Cómo puedo equilibrar lo que espero de mí misma y lo que esperan los demás?

En este camino, surgen preguntas que seguiré explorando: ¿Hasta qué punto debo conformarme para cumplir con las expectativas de los demás? ¿Es posible ser fiel a mi visión sin caer en el egoísmo, sin dejar de ser parte de ese proceso colectivo? ¿Hasta qué punto debo escuchar esas voces sin perder de vista lo que realmente quiero comunicar? ¿Cómo mantenerme abierta a la retroalimentación sin que eso me haga perder mi esencia? En última instancia, ¿Es posible que todos estemos, de alguna manera, buscando ese mismo equilibrio, solo que cada uno lo hace a su manera?

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