PALACIOS Camila Belen. CLASE 11
La pregunta
Pregunta:
"¿Cómo hago para que mi trabajo cumpla con lo que espero yo, y también lo que esperan los demás?"
Actores que entran en el juego social
Yo misma, que soy la que pone la cara, las ideas, y el esfuerzo en cada cosa que hago. Tengo mis propias metas y mis expectativas, que a veces son más exigentes de lo que cualquier otra persona esperaría.
Compañeros o equipo , si estoy en un proyecto con otras personas; son los que suman con sus propias expectativas o miradas y, a veces, también me ponen en esa posición de negociar, escuchar y adaptar.
Clientes o la audiencia , los destinatarios de lo que estoy creando. Al final, también necesito entender qué esperan ellos, porque son quienes interactúan con el resultado.
Mentores o guías , como profes, jefes, o incluso colegas que tengan más experiencia. Ellos también traen expectativas y estándares sobre lo que es "buen trabajo".
Necesidad: Que mi trabajo cumpla un mínimo que esté a la altura de lo que sé hacer, que se sienta bien hecho y que reflexione lo que yo quiero mostrar.
Deseo: Que el resultado final sea algo que me haga sentir orgullosa, algo con lo que pueda decir "esto realmente es mío". Al mismo tiempo, que sea algo que haga feliz o satisfecho a quien lo recibe.
Conflicto: Encontrar el equilibrio entre lo que yo quiero y espero de mi propio trabajo, y lo que necesitan o esperan los demás. A veces quiero ir más allá, ponerle un toque personal, pero el cliente o el equipo no necesariamente busca lo mismo. Esto puede derivar en esa tensión entre hasta dónde ceder o hasta dónde mantenerme firme en mi visión.
Procesos que se ponen en juego
El primero es la comunicación: la base. Sin una comunicación fluida, el camino se desvía. Yo termino frustrada o el cliente, confundido. Comunicarme bien me permite ajustar detalles, pedir feedback constante y captar lo que los demás esperan o necesitan de mi trabajo, sin desviarme demasiado de lo que quiero transmitir. La comunicación se convierte en la guía para alinear mis expectativas con las de los
Después está la autoevaluación y expectativas. Es un proceso más interno, casi íntimo, que me obliga a entender que no siempre se puede alcanzar la perfección. A veces, debo decirme “esto está bien así” y reconocerlo como suficiente. También es un momento para decidir hasta dónde me define en ese trabajo, para decir “esto soy yo como profesional, con mis límites y fortalezas”.
Y por último, está el proceso de retroalimentación. Recibir opiniones de otros, procesarlas, filtrar lo que realmente me puede hacer crecer sin sacrificar lo que quiero expresar. Es escuchar con apertura, ver en qué puedo mejorar, pero también saber cuándo esas observaciones externas no cambian lo esencial de lo que busco lograr. En este proceso, decidí qué tomar para mejorar y qué dejar de lado para no perder mi identidad en el trabajo.
¿Por qué esta pregunta?
Esta pregunta creo que aparecio de esa sensación de que a veces quiero abarcar todo, hacer que mi trabajo lo diga todo, cumpla todo, tanto para mí como para otros. Y la verdad es que encontrar el equilibrio ahí no es fácil. No quiero perderme a mí misma en el proceso ni terminar engañando a quienes están esperando algo de mí.
También hay algo de aprender a gestionar expectativas. O sea, reconocer que no siempre el trabajo ideal es el mismo para mí y para los demás, pero que ahí hay un punto medio donde puede existir satisfacción mutua sin que me frustre o me quede una sensación de que no estoy avanzando.
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