GARCÍA, Agostina / Clase 11
"¿Cómo hago para que mi trabajo cumpla con lo que espero yo, y también lo que esperan los demás?"
Esta pregunta no fue algo que me preocupara demasiado en los primeros años de la carrera. Al inicio, me sumergí en un proceso de experimentación, de búsqueda de referentes, de explorar y comprender las distintas disciplinas que engloba el diseño gráfico. Era un momento de libertad creativa, donde la prioridad era aprender, probar cosas nuevas, y entender el alcance de las herramientas y lenguajes propios del diseño.
Fue en el momento en que encontré las áreas del diseño que más resonaban conmigo cuando aparecieron las primeras exigencias hacia mi propio trabajo, pero también hacia lo que esperaba de la respuesta de los demás. Empecé a trabajar con más profundidad, a entender mejor los códigos y el vocabulario visual, y a prestar atención a cómo se desarrollaban y se aplicaban estos conocimientos en cada pieza. Ese conocimiento más profundo me permitió ser más exigente conmigo mismo y, en consecuencia, también con las expectativas de los demás hacia mi trabajo.
FADU es un espacio fundamental, porque se premia y se alienta la creatividad, la experimentación y la autenticidad. Ese enfoque es muy valioso, especialmente cuando, al entrar al campo profesional, los "demás" pasan a ser aquellos actores sociales que nos contratan. Las expectativas entre ambas partes (diseñador y cliente) suelen ser diferentes, y esa divergencia se vuelve aún más evidente cuando el público, como receptor final, también se convierte en un factor. Acá también importa la experiencia y el conocimiento, muchas veces la persona a cargo puede estar sugiriendo algo que se sabe no puede funcionar y aún así hay que hacerlo
Encontrar el equilibrio entre lo que yo espero de mi propio trabajo y lo que los demás necesitan implica, en el mejor de los casos, llegar a un compromiso, donde la idea inicial se enriquezca con un concepto que amplíe su universo de posibilidades. Ese equilibrio ideal surge cuando logramos combinar necesidad y deseo, cuando el diseño no solo cumple su función, sino que también lleva mi impronta, que por muchos años pensé que no tenía, que no había un estilo propio en mi cuando la realidad es que aun no había terminado de experimentar. Aunque muchas veces surge el conflicto, un conflicto que puede ser de ideas, de enfoques o de expectativas: ¿hasta qué punto puedo ser auténtico, expresar quién soy, en algo que es, en esencia, para otro?
En esos casos, creo que la impronta que cada persona puede ofrecer es amplia, siempre que exista del otro lado una apertura para recibirla. Sin esa apertura, corremos el riesgo de quedar reducidos a operadores gráficos, a simples "choferes de mouse", en lugar de ser diseñadores que aportan un valor único al proyecto. Pero cuando esa comunicación fluye, el resultado es un trabajo más rico y genuino, que refleja tanto las necesidades del cliente como la visión del diseñador.
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