GARCÍA, Agostina / Clase 5

 Esta clase en particular tuvo partes iguales de reflexión y, a mi parecer, de comedia, porque creo que muchas veces el humor sirve de pie para la reflexión. Al pensar en un estereotipo de alumno FADU y poner en común lo que concluimos, nos dimos cuenta de que estábamos construyendo prácticamente a la misma persona, con su tote bag, su cinta de papel como pulsera y su estrés de entrega casi constante. Al momento de construir este personaje para mostrarse frente a los otros, las características que lo conformaban comenzaron a exagerarse para lograr un modelo más abarcativo y, en ese paso, también nos empezamos a preguntar qué tanto encajaba cada una en esa construcción o si ser parte de la construcción era lo que cada una deseaba
Teníamos tantas cosas en común como las que no, ya fuera en nuestras maneras de pensar, de proyectar o actuar. Si bien estos modelos pueden parecer muy abarcativos, la realidad es que no son más que eso: modelos, y muchos estamos por fuera de ellos. A pesar de que en nuestra vida cotidiana podemos no encajar completamente en ese estereotipo, encontramos puntos de coincidencia que, aunque sean mínimos, nos permiten reconocernos en el otro.
Sin embargo, cuando hicimos la puesta en común y mostramos a nuestro modelo (valga la redundancia en este caso), no faltaron las risas. Nosotras nos reímos tanto con quienes pasaron al frente antes y después que nuestro grupo, porque en la exageración también está la identificación. Por más que, muchas veces, esa exageración tenga incluso un aspecto no tan positivo, fue celebrada, ya que esas experiencias compartidas nos unen. Nos conforman como modelos de estudiantes FADU, incluso en aquellas particularidades que nos pertenecen y no siempre compartimos, pero que de algún modo también son parte del ecosistema en el que vivimos.

(comentario de la corrección: Están los conceptos, está tu perspectiva y tu opinión. Relacionar los conceptos y tu mirada, ahondar mas en eso enriquecería mas la reflexión)

La exageración que compartimos y celebramos en esas presentaciones no solo nos hace reír, sino que también permite poner en juego aquellas características que todos reconocemos, aunque a veces no se expresen abiertamente. Nos permite observarnos desde una distancia cómica, un espejo distorsionado que, curiosamente, nos muestra con mayor claridad. Al representar esos rasgos de manera deliberadamente extrema, reconocemos nuestras propias manías, nuestras rutinas académicas, y hasta los momentos de agotamiento o de intensidad que caracterizan la vida en la FADU. Es como si, en la risa, legitimáramos esos aspectos, como si decirlos en voz alta —y reírnos de ellos en grupo— los volviera válidos y menos individuales. 

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