Castro Fau, Agustina Carmela - CLASE 8 optativo

Clase 8

OPTATIVO - evaluación

La actividad que realizamos en clase, a pesar de ser presentada como un "examen", se desmarcó por completo de lo que comúnmente asociamos con este término. En lugar de resolver un cuestionario o elaborar un ensayo individual, me enfrente a la tarea de corregir y evaluar los escritos de mis compañeras de grupo. Esta experiencia, aunque es de apariencia sencilla, resultó ser mucho más compleja de lo que imaginaba.

Lo primero que noté fue lo extraño que resulta ponerse en una posición de "evaluador".La sensación de tener que calificar el trabajo de una amiga con la que ya construiste de alguna manera ya algún vínculo a lo largo del curso te hace sentir incómodo-a.                

Experimenté la incomodidad de tener que valorar el trabajo de compañeras con las que había construido vínculos de confianza y camaradería a lo largo del curso. Esta tarea exigía equilibrar los parámetros objetivos proporcionados por los profesores, como la extensión del texto o el nivel de profundidad, con la subjetividad inevitable que implica juzgar el trabajo de alguien cercano.             

Por un lado, están los requisitos mínimos que nos dieron para guiar nuestra evaluación: un número máximo de palabras, la profundidad del análisis, entre otros criterios técnicos.         

Pero, por otro lado, está la subjetividad inevitable de evaluar a alguien cercano, alguien cuyo proceso y pensamiento ya conoces en cierto grado. Y además, siempre me preguntaba, quién soy yo para poner si esto esta bien o está mal??                                                                        

Lo que podría haber sido una evaluación más "fría" o neutral, como la de un texto anónimo, se convirtió en una tarea cargada de emociones y reflexiones. Me di cuenta de que la objetividad, en estos casos, es difícil de alcanzar, ya que la relación previa influye, aunque no queramos. Sin embargo, creo que esto también aportó una dimensión interesante: no solo evaluamos, sino que nos vimos obligadas a cuestionar nuestras propias perspectivas y criterios de análisis.

Me percaté de que la objetividad absoluta es prácticamente inalcanzable en estos casos, porque a fin de cuentas, la relación previa con mis compañeras colorea inevitablemente mis juicios. 

Sin embargo, esta complejidad añadió una dimensión fascinante al ejercicio: no solo evaluamos, sino que también nos veíamos obligadas a examinar y redefinir nuestros propios criterios de análisis y comprensión. 

Haciendo anotaciones en sus escritos, también me di cuenta como profundizar los míos, recordaba partes en las que quizás podría haber sido mas critica o analitica, me permitió ampliar mi propia visión.

A pesar de las dificultades que surgieron, encontré una experiencia muy enriquecedora. Leer los blogs de mis compañeras fue una oportunidad única para descubrir cómo cada una de ellas abordó las mismas clases desde puntos de vista diferentes al mío.

Algunas llegaron a conclusiones que nunca se me habrían ocurrido. Este intercambio de perspectivas nos mostró que el análisis y la reflexión no son caminos lineales, sino mil rutas llenas de ramificaciones y descubrimientos, que cuando uno lee y relee lo que escribe siempre va a encontrar lugares donde profundizar o mejorar.

Esta experiencia de evaluar el trabajo de mis compañeras me llevó a una reflexión más amplia sobre la naturaleza de juzgar el esfuerzo y la creatividad de otros. Evaluar a una persona —especialmente a alguien cercano— es un acto que va más allá de la simple aplicación de criterios objetivos; nos enfrenta a nuestras propias limitaciones, prejuicios y empatías. En cierto sentido, juzgar el trabajo de otra persona nos obliga también a juzgarnos a nosotros mismos, porque cada observación y crítica que formulamos lleva implícita una parte de nuestra perspectiva y de lo que consideramos valioso.

Así, el acto de evaluar se convierte en un espejo que refleja no solo el trabajo de la otra persona, sino también nuestras propias inseguridades, aspiraciones y valores. Quizás, al final, la evaluación no sea un proceso destinado a calificar al otro, sino una invitación a expandir nuestra comprensión y a reconocernos en los pensamientos y esfuerzos ajenos. 

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