CASTAÑO MEDINA Valentina - Clase 7
En la clase pasada discutimos la diferencia entre tema y problema, y cómo ambos se resuelven a diario en distintos contextos. Por ejemplo, el tema sería “me tengo que vestir”, mientras que el problema sería “¿qué me pongo?”. La solución, en este caso, sería “este pantalón y esta remera”. Este esquema básico también se aplica en nuestras carreras como diseñadores, ya que si no hay un problema, no hay diseño. En algunos casos, incluso es necesario construir el problema para poder abordarlo de manera efectiva.
A diferencia de los técnicos, que suelen solucionar un problema de manera directa y técnica, los diseñadores nos acercamos de una forma distinta. Nosotros buscamos el problema, lo cuestionamos y le hacemos preguntas, con el objetivo de encontrar la mejor solución posible. Parte esencial de este proceso es definir bien el problema antes de intentar resolverlo, ya que un problema mal definido puede llevar a soluciones inadecuadas o incompletas.
Además de los problemas que abordamos en el día a día, existen los problemas detonantes. Estos problemas son aquellos que nos sacan de nuestra zona de confort, nos mueven de la posición en la que estamos y nos hacen cuestionar el statu quo. Como diseñadores, nuestro trabajo consiste en no aceptar las cosas tal como están y en permitirnos tener dudas. Este enfoque nos lleva a cuestionar el problema desde distintos ángulos y a buscar una solución innovadora.
Un aspecto crucial en este proceso es la relación sujeto/problema. Esto significa que como diseñadores tenemos que preguntarnos qué nos detona personalmente como sujetos, ya que somos nosotros quienes, en muchos casos, decidimos qué es un problema y qué no. No hay un detonante universal; si lo hubiera, sería problemático porque perderíamos nuestra capacidad de cuestionar y generar nuevas ideas.
Por lo tanto, cuando hablamos de problemas detonantes, también estamos hablando de motivación. Si hay un detonante, hay una inquietud, una búsqueda, y una energía que impulsa a resolver algo. Es aquí donde la reflexión, la duda y la capacidad de problematizar entran en juego para entender el contexto y encontrar la mejor solución. Como diseñadores, nuestra tarea no es simplemente resolver problemas, sino hacer preguntas y mantener una mentalidad crítica ante cada situación.
La clave está en problematizar el problema para comprenderlo mejor, explorando todas las posibles aristas y no conformarnos con lo que se nos presenta inicialmente. Es esta actitud la que nos permite generar soluciones más creativas y relevantes.
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