Antonelli Celeste - Clase 5

 En la clase de hoy, la actividad se centró en analizar y reconstruir los estereotipos que encontramos en nuestra vida académica, específicamente en la FADU. Aunque inicialmente parecía una tarea simple, lo que comenzó como una observación se transformó en una reflexión más profunda sobre cómo percibimos y proyectamos esos modelos. A lo largo de la discusión, nos encontramos con que gran parte de nuestras ideas sobre el “estudiante FADU” se unían en una misma imagen: alguien cargado de tareas, acompañado siempre por su tote bag y su infaltable estrés por la entrega.

Lo interesante fue cómo este ejercicio, que en principio parecía ser un reflejo de lo cotidiano, tomó un lugar casi cómico. Cada grupo que pasaba al frente exageraba ciertos rasgos y costumbres, convirtiendo al personaje en una especie de caricatura que, resultaba reconocible para todos. Nos reíamos, sí, pero también sabíamos que detrás de esa exageración había un fondo de verdad. En ese momento, me di cuenta de lo fácil que es, a veces, caer en el molde que construimos para nosotros mismos sin siquiera cuestionarlo.

A medida que avanzaba la actividad, empecé a cuestionar cuánto de ese estereotipo era genuinamente parte de mi identidad y cuánto era simplemente una construcción social que, sin darme cuenta, había adoptado. Al compartir las conclusiones con mis compañeros, observé que, aunque muchos nos identificábamos con algunos aspectos de este modelo, había también muchas diferencias que no siempre resultaban visibles a primera vista. Esto de pertenecer y diferenciarse me hizo reflexionar sobre la naturaleza de los modelos: son generalizaciones, simplificaciones que no necesariamente abarcan la totalidad de quienes somos.

La interacción con mis compañeros, tanto en la construcción como en la observación de los modelos de los otros grupos, reveló otra dimensión de la actividad. Aunque los estereotipos pueden parecer limitantes, también cumplen una función unificadora. Nos reconocemos en los detalles, en las pequeñas similitudes que, aunque sean superficiales, nos permiten sentirnos parte de algo más grande. Sin embargo, también fue interesante ver cómo cada grupo aportaba su propia perspectiva, mostrando que dentro de ese mismo "modelo FADU" había lugar para la diversidad de experiencias y formas de ser.

Lo que mas me gusto de la clase, para mí, fue esa mezcla de humor y análisis. Me di cuenta de que reírnos de estos estereotipos no era solo una manera de descomprimir el estrés, sino también de darse cuenta que, aunque nos reconozcamos en ciertos patrones, no estamos atados a ellos. La risa fue una herramienta para distanciarnos y vernos desde afuera, pero también para cuestionar si realmente queremos seguir replicando esos modelos o si preferimos romper con ellos.

Al final, la actividad me dejó con una sensación de contradicción interna. Por un lado, fue un ejercicio divertido, casi lúdico, pero por otro, me obligó a reflexionar sobre cuánto de mi identidad es influenciada por el entorno en el que me desenvuelvo. Tal vez, en la búsqueda de diferenciarnos, terminamos aceptando ciertos aspectos de los modelos que tanto nos esforzamos por evitar. 

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Comentarios Clase 8 - Evaluación
Por Agustina Castro

N+/SB Hay preguntas, afirmaciones y siento que te apropiaste de la tematica.

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