PALACIOS Camila Belén. CLASE 6
Lo que más me inquietó fue cómo esos cambios me afectan emocionalmente. Pensar en esas correcciones, ya sea de profesores o de opiniones de mi hermana y familia, me hizo ver que no solo cambia el contenido del proyecto, sino también mi visión sobre él. Las películas que vi, las charlas que tuve, los rodajes que fueron un desastre… todo influyó de alguna manera. Al principio, la idea de cambiar algo que ya consideraba terminado era frustrante. Pero luego entendí que esos cambios no eran errores, sino movimientos necesarios. Una línea en un guion que se reescribe, una idea descartada por otra mejor, una conversación que te da una nueva perspectiva: todo eso me enseñó que los proyectos no son estáticos.
Lo interesante es cómo esa dinámica del cambio se conecta con los distintos modos de pensar, y cómo experiencias personales que no tienen que ver con lo académico influyen tanto en el trabajo. No puedo contar las veces que, después de una salida, una charla casual con mi familia, o incluso tras un mal día, volví a mi proyecto y vi algo diferente. Es como si esas experiencias me dieran la distancia que necesitaba para ver lo que antes no podía. A veces, avanzar no es forzar el proyecto, sino dejar que la vida lo empape con otras vivencias.
También me di cuenta de que, aunque mis compañeras veían mi proceso más alineado con el "pensamiento ritmo-musical" —donde todo tiene un ritmo, cortes, pausas, tiempos que organizan las piezas audiovisuales— yo me identificaba más con el "pensamiento concreto". Me di cuenta de que muchas de las ideas que tenía no surgían de una lógica objetiva y precisa, sino de una constante incógnita. Un "1+1 no necesariamente es igual a 2", donde cualquier cosa puede surgir de la combinación de pensamientos, y cada proyecto queda abierto a nuevas posibilidades.
Lo más curioso es que, aunque los proyectos parecían ser míos, no lo eran del todo. Siempre había algo o alguien más participando, aunque fuera indirectamente. Como cuando pedía la opinión de mi hermana, y su visión terminaba influyendo en el final de un guion. Me doy cuenta de que los proyectos, al menos para mí, son más colectivos de lo que quisiera admitir. A veces quiero que todo salga de mi visión, pero al final todo está tan influenciado por lo externo que no puedo decir que el resultado es solo mío. Y quizás eso me incomoda un poco, porque me gusta pensar que tengo un control creativo absoluto, pero la realidad es que no es así.
Tal vez, ese sea el mayor aprendizaje de este proceso: que el cambio es una parte natural del proyecto. Cada corrección, cada conversación, cada pausa forma parte de algo más grande, algo que está en constante evolución.
Magdalena Rovere: Que interesante verse incomodo frente a algo, poder nombrarlo y eleir no endurecerse ante eso. Que la puesta en escena sea para un intercambio, para cuestionarse y elegir de nuevo el rumbo. Se ve una apertura mas alla de lo que se nombre como resistencia.
ResponderEliminarSN.