GRUPO 19. CLASE 6 - Reflexion grupal
Reflexión grupal
Pensar y cambiar
De punto de partida, empezamos a hablar sobre cómo los proyectos nunca siguen una línea recta, cómo cambian y se transforman a través de influencias que ni siquiera habíamos considerado al principio. Nos dimos cuenta de que, aunque cada una tiene una visión inicial, esa idea rara vez llega intacta al final. El proyecto se mueve, se desplaza. No solo por nuestras decisiones, sino por factores externos que entran en juego, ya sean correcciones, comentarios o hasta momentos en los que simplemente desconectamos. Este hecho nos hace pensar sobre el control que creemos tener, y si realmente ese control existe o si es solo una ilusión.
Lo que más resonó fue esta idea de que los proyectos son como organismos vivos, que cambian según las interacciones que tienen con el mundo. No podemos separarlos de nuestras experiencias. Desde una opinión en clase, hasta algo que nos dice alguien de la familia, todo afecta el resultado. Eso genera una tensión: por un lado, queremos que el proyecto sea fiel a nuestra visión, pero, por otro, está constantemente influenciado por cosas que parecen estar fuera de nuestras manos. ¿Dónde queda nuestra autoría en todo esto?
¿cómo reaccionamos a estos cambios? Al principio, tendemos a resistirnos. Nos aferramos a la idea original, creyendo que es la mejor versión. Pero el proyecto nos lleva por otros caminos. A veces es un pequeño detalle, un comentario casual, o simplemente una mala experiencia en el día lo que termina cambiando algo que creíamos terminado. Y ahí nos preguntamos: ¿cuánto de la idea original realmente queda en pie al final? La respuesta es compleja, pero parece que el proyecto nunca es exactamente lo que imaginamos al principio.
Nos dimos cuenta también de cómo los modos de pensar influyen en nuestra forma de abordar estos cambios. No todas nos enfrentamos a las modificaciones de la misma manera. Algunas más concretas, otras más rítmicas o abstractas. A veces no es un cambio consciente; el proyecto cambia porque estamos cambiando nosotras. Pero la adaptación es inevitable. Aceptar que no podemos controlarlo todo y que el proyecto siempre estará en proceso nos llevó a preguntarnos: ¿realmente llega un proyecto a estar “terminado” o simplemente lo dejamos en un punto en el que nos parece suficiente?
¿Qué tan "nuestro" es un proyecto cuando tanto de lo que lo moldea viene de fuera, de la vida que vivimos más allá del proceso creativo? Nos dimos cuenta de que esa barrera entre lo personal y lo profesional no es tan clara como a veces queremos creer.
También reflexionamos sobre los modelos gráficos, cómo nos ayudan a visualizar nuestras ideas, pero al mismo tiempo, nos muestran lo que falta. No es solo una cuestión de organizar, sino de preguntarse qué es lo que no estamos viendo. Cada gráfico, cada esquema que hacemos parece incompleto. Nos invita a seguir explorando, a ver qué más hay ahí, qué más podemos descubrir. Tal vez lo más importante no sea lo que ya está en el papel, sino lo que se escapa, lo que aún no ha sido representado. Y eso nos conecta con la incertidumbre que es parte de cualquier proceso creativo.
Lo que define un proyecto no es la estructura rígida que intentamos imponer, sino la flexibilidad que mantenemos para adaptarnos a los cambios. Es el caos, la influencia externa, lo imprevisto, lo que nos hace avanzar. Esto hace que un proyecto sea un producto de los modos de pensar, de las experiencias y todo lo que lo rodea.
Firmas
-Camila palacios
-Agustina Castro Fau
-Valentina Castaño
-Rocio Dana
-Magdalena Rovere
-Celeste Antonelli
-Agostina Garcia
-Victoria Paz
Comentarios
Publicar un comentario