GRUPO 19. CLASE 4 - Reflexion grupal.

 ¿Qué es un referente?

En nuestra charla sobre los referentes, nos dimos cuenta de que hablar de ellos no es tan simple como nombrar a alguien o algo que admiramos. Empezamos a desmenuzar, casi sin darnos cuenta, lo que realmente significan. Nos encontramos con que no todos los referentes son iguales, ni siquiera cumplen la misma función en nuestra vida o en nuestro proceso creativo. Así que decidimos dividirlos, como si estuviéramos haciendo una especie de mapa mental, donde cada categoría abriera una puerta diferente.


Algunas de nosotras hablaron de referentes técnicos, esos que te inspiran porque dominan un oficio. Son esas figuras que representan algo casi tangible, personas que marcan una línea clara que te gustaría seguir. Diseñadores, directores, artistas... Son un tipo de referente al que puedes aspirar, como si al aprender sus técnicas, pudieras acercarte más a su nivel. Pero, ¿qué pasa cuando el referente no tiene que ver con la técnica? Ahí entramos en un terreno más difuso, menos concreto, y, para algunas, mucho más importante.

Nos dimos cuenta de que hay referentes que no están ahí para enseñarte cómo hacer algo, sino para hacerte sentir algo, para movilizarte desde otro lugar. Esos son los referentes emocionales, las personas, ideas o experiencias que no necesariamente pertenecen a tu disciplina, pero que de alguna manera tocan algo profundo dentro de vos. No los admirás solo por lo que hacen, sino por lo que representan para vos en un momento específico de tu vida.

Cuando hablamos de estos referentes emocionales, nos dimos cuenta de que no siempre son grandes nombres, ni siquiera personas públicas. Podían ser experiencias, como una primera película que te hizo ver el cine de una manera distinta, o una charla que cambió tu forma de pensar. Podían ser momentos, recuerdos, objetos que cargan con un peso simbólico para vos, más allá de lo que cualquiera podría entender. Ahí, nos dimos cuenta de que esos referentes son los que realmente nos hacen movernos, los que nos impulsan de maneras sutiles pero poderosas.


La conversación también nos llevó a entender que, dentro de estas categorías, los referentes funcionan casi como espejos. Al hablar de ellos, nos estábamos también mirando a nosotras mismas, porque un referente no es solo lo que admiras, sino lo que querés ser, lo que te importa, lo que te define. Cada una tenía una manera diferente de vincularse con esos referentes, y eso también fue interesante: mientras algunas los veían como modelos a seguir, otras los veíamos como fuentes de cuestionamiento, de duda, de exploración.

Lo que quedó claro es que los referentes no son algo estático, no están grabados en piedra. Son fluidos, cambian con el tiempo, con nuestras experiencias, con lo que aprendemos o desaprendemos. Y eso está bien. No es necesario que un referente sea permanente o que sea alguien de renombre. A veces, el mayor referente puede ser un momento de vulnerabilidad, una duda, o incluso algo que antes no habríamos considerado digno de admiración. Entender esto fue clave para ver cómo cada una de nosotras, con sus propios referentes, estaba trazando su propio camino, y que eso era igual de válido, igual de importante.

Tal como vimos en la teórica, aplicamos los principios heurísticos: la desagregación para poder categorizar nuestros referentes y entender cómo funcionan. El distanciamiento alejándonos para ver cada referente en conjunto con otro, y en cómo  lo ve el otro. La transcodificación que expresamos a través de un mapa conceptual dividido en cuatro categorías. La experimentación lúdica, moviendo nuestros referentes y viendo que pasa, que generan. Y el juicio afirmativo para decidir las categorías en que los íbamos a separar porque eso nos iba a permitir avanzar en la actividad.


Firmas:

Palacios, Camila Belén 

Dana, Rocío Belén

Castro Fau, Agustina Carmela 

García, Agostina


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