DANA, Rocío Belén / Clase 3

 El peso de las palabras en las disciplinas


Reflexión Individual - Rocío Belén Dana


En la clase 3 de heurística, tuvimos la oportunidad de participar en una actividad en la cuál volvimos a retomar las frases seleccionadas para la clase 2, que nos identificaban o relacionaban con la FADU. Está actividad fomentaba más una reflexión crítica personal. La actividad giraba en torno a la selección de una de esas frases y desglosarla desde nuestras experiencias, creencias y vivencias. Luego generamos una categorización, en cuanto, si eran análogas, indirectas o directas.

Este ejercicio me permitió sentirme acompañada o perteneciente a un grupo, que si bien tal vez no vivió exactamente mis mismas experiencias, atravesó situaciones similares y sintió las mismas emociones o sensaciones. Fue un ejercicio de reflexión, de conectar con nuestras diferentes disciplinas, de encontrar puntos en común y vivencias compartidas, de relacionarnos.

Luego, compartiendo en grupo extrajimos ciertas palabras que nos engloben a todas y nuestra experiencia en FADU. La frase que más se destacó fue “Yo es la indecisa para tomar decisiones”, principalmente por la palabra “decisión” la cual sentimos muy pertinente en nuestro proceso de aprendizaje y educativo.

Al comenzar a dialogar sobre esta palabra emergente por su relevancia, comenzamos a pensar que en cada paso de nuestra carrera tuvimos que tomar diferentes decisiones, acertadas o no, seguras o no, con miedos o no. La decisión está presente en cada momento de nuestras vidas y es una situación que tenemos que afrontar. En mi experiencia, principalmente lo que tuve muchas veces que afrontar es la “indecisión”, el no saber que hacer frente al desarrollo de un trabajo práctico, el no estar segura si decir algo o no por miedo a equivocarme. Día a día al avanzar en la carrera comienzo a sentirme un poco más segura de las decisiones que voy tomando y que van forjando mi camino profesional, aunque siempre se puede presentar alguna ocasión de indecisión. 

También, otra palabra que surgió fue proceso. Esta palabra está fuertemente ligada a la anterior, ya que la decisión conforma una parte principal del proceso de algo, en este caso de nuestro aprendizaje. En el proceso de diseño, siempre hacemos y rehacemos una y otra vez, es prueba y error, y es parte fundamental para poder encontrar nuevas soluciones por donde avanzar. 

Finalmente, comenzamos a plasmar en red conceptual las diferentes palabras emergentes y su relación entre sí. Esto permitió que cada integrante del grupo expresara sus pensamientos, ideas, emociones, experiencias y consejos a través de su interpretación de las palabras.

Me pareció interesante este tipo de actividades, ya que no solo fomenta el pensamiento crítico y la reflexión personal sobre el aprendizaje y nuestros procesos. Sino que también aprendimos que el peso de las palabras no solo está en su significado inmediato, sino en lo que pueden llegar a ser cuando se escuchan y se reciben con empatía y curiosidad. Cada una de nosotras aportó algo único, pero fue la mezcla, la interacción de esas aportaciones, lo que nos llevó a una comprensión colectiva mucho más rica.

Al final, lo que construimos no fue un simple intercambio de ideas o experiencias. Fue un proceso de crecimiento mutuo.


Evaluación entre pares (Clase 8): Victoria Paz: Fue más bien descriptivo pero hubo momentos donde se puede extender más el pensamiento personal y la aplicación de lo visto a su caso. Me pareció bastante lineal y refugiado en lugares comunes, me hubiera encantado leer que te disparo, te hizo sentir un poco más allá.
N-

Tras la evaluación en grupo decidí desarrollar más mis escritos en base a lo marcado por mis compañeras.

A lo largo de mis estudios en diseño, las palabras "decisión" y "proceso" se han vuelto ecos constantes, casi como pulsos que guían y definen cada proyecto en el que trabajo. Al principio, la "decisión" me parecía una palabra definitiva, rígida, como un corte certero que señala un camino sin vuelta atrás. Escuchar la palabra resonaba con un peso profundo, cargado de expectativas y una especie de presión silenciosa. Decidir significaba tomar una postura clara y asumir un compromiso, una promesa tácita de que aquello en lo que había puesto mi confianza y mi visión sería el pilar de lo que vendría. Cada decisión parecía casi una pequeña sentencia, algo que mi autocrítica no dejaba de observar y analizar.

Con el tiempo y la experiencia, sin embargo, el "proceso" ha comenzado a redefinir para mí la verdadera naturaleza de la "decisión". En diseño, el proceso es una constante, es un flujo en el que cada paso, cada elección, tiene su razón de ser, y en el que las decisiones ya no son sentencias definitivas, sino puntos de exploración que nos impulsan a avanzar y replantearnos. . Entender esto me ha ayudado a liberarme de esa presión inicial. He aprendido que el proceso no solo da espacio para la corrección, sino que también permite que cada decisión, sin importar cuán grande o pequeña, encuentre su lugar en una evolución continua. Así, una decisión ya no es un fin, sino un inicio, un punto de partida para descubrir, refinar y crecer.

Estas palabras, tan aparentemente simples, cargan con un peso y una profundidad distintas dentro de las disciplinas del diseño. Cuando en una clase alguien menciona la palabra "decisión", siento que todos, de algún modo, la escuchamos con un respeto particular, como si reconocemos en ella la responsabilidad que implica para un diseñador. Pero en el mismo susurro colectivo, "proceso" llega como un suspiro, una liberación que nos recuerda que la creación no es inmediata ni estática, sino orgánica.

Creo que parte de mi aprendizaje ha sido entender cómo convivir con ambas palabras, cómo dejarlas ser mis guías sin que una se imponga sobre la otra. Saber que cada proceso me permitirá tomar decisiones más conscientes, más cercanas a quien soy, y a lo que quiero proyectar. Y, al mismo tiempo, que cada decisión, aunque momentánea, es una invitación a sumergirme nuevamente en el proceso, a confiar en que todo lo que viene es parte de un aprendizaje constante, de una construcción en la que cada capa aporta algo valioso a mi evolución.


Esta actividad me hizo replantear el lugar que ocupan la “decisión” y el “proceso” en mi propio camino. ¿Es acaso la toma de decisiones una forma de definir quién soy, de aferrarme a una identidad que me siento frágil o cambiante? Al observar la relación entre estas palabras, siento que el diseño es, en el fondo, un acto de humildad: aceptar que toda elección abre la puerta a una nueva exploración, y que el valor no está en llegar a una respuesta definitiva, sino en saber apreciar el recorrido, en poder reconstruirse a partir de cada prueba, cada error.

Me pregunto si esta comprensión de la “decisión” y el “proceso” trasciende el ámbito académico. ¿Puedo aplicar esta aceptación de la incertidumbre, de los cambios y revisiones, a otros aspectos de mi vida? ¿Podemos aprender a abrazar nuestras decisiones como pasos en un camino, sin miedo a corregir, replantear o reinventar el rumbo cuando sea necesario? Y, en última instancia, ¿Cómo se convierte el diseño, en sus lecciones sobre la toma de decisiones y el proceso, en una metáfora de autoconocimiento y crecimiento?

Comentarios

  1. Victoria Paz: Fue más bien descriptivo pero hubo momentos donde se puede extender más el pensamiento personal y la aplicación de lo visto a su caso. Me pareció bastante lineal y refugiado en lugares comunes, me hubiera encantado leer que te disparo, te hizo sentir un poco más allá.
    N-

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